La sequía está profundizando una crisis alimentaria que ya se encontraba entre las más graves del mundo. Sudán lleva más de tres años de guerra, un conflicto que ha desplazado a millones de personas, interrumpido la producción agrícola y dificultado la llegada de ayuda a distintas zonas. Ahora, El Niño también está asociado con temperaturas más altas y precipitaciones insuficientes en el país.

Las lluvias de julio a septiembre —el periodo principal de la temporada lluviosa— fueron las más bajas en más de tres décadas a escala nacional, según datos citados por Reuters del Servicio Geológico de Estados Unidos. El sistema internacional de monitoreo de hambre IPC advirtió que el riesgo de hambruna aumenta en áreas afectadas por el conflicto.

La sequía no es la única causa de la emergencia. Los combates, los asedios, la pérdida de cosechas y las dificultades para transportar alimentos y asistencia agravan el impacto. El Programa Mundial de Alimentos proyecta que otras 350,000 personas podrían enfrentar hambre severa antes de que termine 2026, y que la cifra adicional podría alcanzar 1.2 millones para agosto de 2027. Son proyecciones sujetas a la evolución de las lluvias, el conflicto y el acceso humanitario. Fuente: Reuters, con datos de organismos internacionales